Hace unos días acudimos a la presentación de la nueva generación de zapatillas Nike Free. La firma americana sigue con la evolución del modelo que lanzó hace más de diez años , buscando una carrera más natural mediante una suela que facilita que el pie se extienda y se expanda.

La presentación sirvió como punto de encuentro para conocer la opinión de entrenadores, atletas de élite, atletas populares, fisioterapeutas o triatletas sobre la utilidad de este tipo de zapatillas. Sería muy extenso exponer todas las opiniones pero a modo de resumen si podríamos indicar el consenso que se puso de manifiesto sobre la necesidad de una transición gradual hacia este tipo de calzado y su utilidad para obtener un estímulo de entrenamiento más integral.

Una vez que salimos de la presentación nos planteamos la cuestión de si en los programas de entrenamiento , con independencia de la actividad que realicemos y ya sea con un enfoque recreacional o más dirigido al rendimiento, prestamos la debida atención a una estructura tan importante como es el pie : 26 huesos, 33 articulaciones, 20 músculos , tendones , ligamentos y cientos de receptores.

No pretendemos debatir sobre la necesidad de la «vuelta a los orígenes » y de acabar con las restricciones que el calzado representa para la movilidad del pie y más en concreto de los dedos (recomendamos leer a Lieberman y su estudio sobre las ventajas de correr descalzo para ampliar la participación del arco plantar en la amortiguación, propulsión y almacenamiento de energía). En cualquier caso , nuestra atención debería más allá del interés por conocer si somos pronadores o supinadores.

El pie y el tobillo soportan y transmiten las fuerzas de reacción del suelo al resto del cuerpo y el ejercicio físico supone un estrés mecánico que va a provocar adaptaciones dependiendo del deporte, gesto técnico, peso, etc. Los 26 huesos que componen el pie junto con la musculatura extrínseca (aquella que se origina en la pierna y se inserta en el pie ) y la musculatura intrínseca (tiene su origen e inserción en el pie ), son los encargados de proporcionar rigidez y estabilidad cuando son necesarias (propulsión) o de absorber el peso del cuerpo (amortiguación).

Resulta evidente por tanto, la necesidad de incorporar rutinas de entrenamiento para esta estructura con independencia de nuestros objetivos. El estado y funcionalidad de esta estructura puede predisponernos para sufrir patologías que van a afectar a otras partes del cuerpo como la cadera, rodilla o incluso la zona lumbar.

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